¿POR QUÉ CRISTO ES NUESTRA MEJOR AYUDA DURANTE EL SUFRIMIENTO?
Cristo
cumplió a la perfección el propósito de Dios para el ser humano (Hechos 2:22,
23), nadie hizo la voluntad divina como él (Juan 5:30) y no tiene comparación con
ningún otro ser humano la suma de sufrimientos que tuvo que soportar para
salvarnos (Isaías 53). Por eso, Cristo es nuestra mejor ayuda y fiel sumo
sacerdote. Hebreos 2:17, 18 (BDA) sintetiza su obra: “… tenía que ser hecho en todo semejante a sus hermanos para llegar a
ser un sumo sacerdote misericordioso y digno de confianza en las cosas de Dios,
capaz de obtener el perdón de los pecados del pueblo. Precisamente porque él
mismo fue sometido al sufrimiento y a la prueba, puede socorrer ahora a los que
están bajo la prueba”.
Solemos quejarnos de nuestros sufrimientos. Pero también tendríamos que preguntarnos, ¿por qué el mismo Hijo de Dios nos salva a través del sufrimiento y de su muerte en la cruz? Hebreos 2:10 contesta: “Era conveniente que Dios, origen y meta de todas las cosas, queriendo conducir a la gloria a muchos hijos, perfeccionara mediante los padecimientos a quien iba a guiarlos a la salvación”. Era necesario que Cristo nos conociera a la perfección: sería nuestro ejemplo y como tal, tenía que participar de las necesidades y vivencias propias del ser humano, incluido el sufrimiento. Además, era necesario, “por eso tenía que ser hecho en todo semejante a sus hermanos para llegar a ser un sumo sacerdote misericordioso y digno de confianza en las cosas de Dios, capaz de obtener el perdón de los pecados del pueblo” (v. 17). La única forma en que nuestro salvador podría llegar a ser totalmente solidario con nosotros y entregarse plenamente era compartiendo en todos los sufrimientos que los seres humanos solemos tener. Así nos podría comprender plenamente. Cristo no es un predicador teórico, sino un creyente práctico. Vive lo que predica. Por esto, puede llegar a ser nuestro sumo sacerdote ideal, no está detrás del púlpito, está a nuestro lado en la vida. Experimentó todas las vivencias humanas; no fueron iguales a las nuestras porque nosotros vivimos en otro tiempo y en otro espacio histórico, pero sí fueron equivalentes porque incluyeron todo lo que el ser humano sufre en intensidad y calidad con el agravante de haberse ofrecido voluntariamente a soportarlo por amor, cosa que ninguno de nosotros puede hacer.
Así es como se transforma en digno de confianza (no ignoró la ley de Dios, la cumplió) y misericordioso (actuó motivado por el amor). Fue el equilibrio perfecto entre la justicia implacable y el amor incondicional de Dios. Durante su vida soportó tentaciones, pruebas, problemas y sufrimientos de todo tipo. “Precisamente porque él mismo fue sometido al sufrimiento y a la prueba, puede socorrer ahora a los que están bajo la prueba” (v. 18). En otras versiones dice que “en cuanto él mismo padeció siendo tentado, es poderoso para socorrer a los que son tentados” (RVR1960), o “por haber sufrido él mismo la tentación, puede socorrer a los que son tentados” (NVI). O sea, está capacitado para ayudarnos cada vez que lo necesitemos. Si Cristo no se hubiera hecho semejante a nosotros en todo, siempre habrían quedado dudas acerca del amor de Dios y su justicia. “Tenemos dos ventajas: conocemos el ejemplo de Jesús en la tentación, pero también tenemos su asistencia activa desde el cielo, dándonos fuerza y una forma de escapar” (Guzik).
Angel Magnífico

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