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¿QUÉ RESPONDEREMOS ANTE EL FUEGO DE LAS PRUEBAS?

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  Frente a la envergadura de la figura de Moisés, solemos olvidar la simpleza extraordinaria de la zarza que tenía enfrente y pensamos más en él, que en esa zarza ardiendo. Sin embargo, esto marcaría el principio de una larga peregrinación. Este encuentro se relata en Éxodo 3:1-4 (NVI): “Un día en que Moisés estaba cuidando el rebaño de Jetro, su suegro, que era sacerdote de Madián, llevó las ovejas hasta el otro extremo del desierto y llegó a Horeb, la montaña de Dios. Estando allí, el ángel del Señor se le apareció entre las llamas de una zarza ardiente. Moisés notó que la zarza estaba envuelta en llamas, pero que no se consumía, así que pensó: «¡Qué increíble! Voy a ver por qué no se consume la zarza». Cuando el Señor vio que Moisés se acercaba a mirar, lo llamó desde la zarza: ¡Moisés, Moisés!  Aquí me tienes, respondió” . El contexto (v. 4-6 y 14) aclara que el “ángel del Señor” era el Señor mismo con esa forma. Así había aparecido a Abraham (Génesis 22:11). Ahora lo...

¿CORONA O CRUZ?

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Los cristianos somos llamados así porque seguimos el ejemplo de Cristo con la ayuda y el poder del Espíritu Santo. Cristo tenía una corona de gloria al lado del trono de su padre celestial y la dejó para tomar una corona de espinas al lado de dos ladrones. Lo hizo por amor a nosotros. Su muerte consumó nuestra salvación. Su humillación generará nuestra exaltación, pero no antes, de pasar por nuestra cruz. Esto significa crucificar nuestro yo, no para salvarnos (eso ya lo hizo Cristo), sino para renacer a la imagen y semejanza de Dios. Pablo sostenía: “He sido crucificado con Cristo, y ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí. Lo que ahora vivo en el cuerpo, lo vivo por la fe en el Hijo de Dios, quien me amó y dio su vida por mí“ (Gálatas 2:20 NVI). Esa decisión se toma en un momento, pero el proceso dura toda la vida: “No es que ya lo haya conseguido todo, o que ya sea perfecto. Sin embargo, sigo adelante esperando alcanzar aquello para lo cual Cristo Jesús me alcanzó a mí” (Filipens...

¿POR QUÉ SUFRIMOS? - Respuestas para un mal cotidiano

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  Enfrentarse al sufrimiento, es una experiencia desgraciadamente común y reiterada en el ser humano. Aunque por nuestra edad, situación o estilo de vida, todavía no hayamos experimentado una situación personalmente dolorosa, seguramente la hemos sentido al menos con respecto a otros: cuando se produce una guerra o un desastre natural, al enterarnos que un torpe accidente dejó incapacitada a una persona, al morir un ser querido o cuando un llanto desconsolado nos hace sentir impotentes. Todo tipo de sufrimiento parece, moral y racionalmente, incompatible con el concepto de un Dios amante y todopoderoso. Por esto, es importante encontrar una explicación en la propia Palabra de Dios que nos ayude a responder a este interrogante. ¿Por qué sufrimos? Porque a veces, cosechamos lo que sembramos. Leemos en Gálatas 6:7-9: “Todo lo que el hombre sembrare, eso también segará”. Este podría ser un primer criterio bíblico orientador, no el único; no absoluto y no siempre aplicable, pero sí,...