¿PODEMOS OLVIDAR LA GRANDEZA DE DIOS?
Paul Washer (misionero, predicador, escritor estadounidense, n. 1961) dijo: “Todos necesitamos días difíciles para aumentar nuestra dependencia de Dios y aprender que su gracia es suficiente”. Parece duro, pero la historia nos muestra que a veces ocurre de esta manera. Le pasó al rey Nabucodonosor II que reinaba sobre el imperio neo-babilónico (605-592 a.C.). El rey sabía de la existencia de Dios debido a que en su corte trabajaba, como consejero suyo, el profeta llamado Daniel. Había interpretado un sueño del rey que ninguno de sus falsos adivinos pudo descifrar (Daniel 2). Con el paso del tiempo, Nabucodonosor se creyó superior a todos, hizo una estatua suya gigante y obligó a todos a su adoración; ante la negativa de Daniel y sus amigos, fueron condenados a morir en un horno de fuego. Dios los salvó (cap. 3) y el rey lo vio; pero luego lo olvidó. Sufrió una locura que le fue advertida por Dios a través de Daniel (cap. 4): observando su capital, “exclamó: «¡Miren la gran Babilonia qu...