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¿ABANDONADOS O ABANDONAMOS?

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  ¿Qué viene primero: abandonar a Dios o que Dios nos abandone? Durante el reinado de Joás, entre el 835 y el 796 a.C., se había producido una renovación espiritual en Judá (2 Crónicas 24:1-16). Tuvo como figura clave al sumo sacerdote Joiada o Yoyadá (según la traducción). Se reparó y reconstruyó el templo que había sido abandonado por los reyes idólatras anteriores; incluso, supervisó las ofrendas que se juntaron al respecto. Pero al morir este sacerdote, el rey cambió de actitud y comenzó a adorar a Asera y a otros ídolos. Dios le advirtió al rey a través del hijo del sacerdote, utilizado como mensajero para advertir al pueblo de sus malas elecciones. “El Señor les envió profetas a ver si se convertían a él, pero no hicieron caso de sus advertencias. Zacarías, hijo de Yoyadá, sacerdote, movido por el espíritu de Dios, se presentó al pueblo y le dijo: Esto dice Dios: ¿Por qué no obedecen los mandamientos del Señor? Nada conseguirán. Han abandonado al Señor, y él los abandonará a...

¿SALDAMOS NUESTRA DEUDA CON DIOS?

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  Toda deuda genera sufrimiento porque nos crea un compromiso de pago, da inseguridad poder saldarla, genera dudas y dependencia de la situación política, económica y/o social. Y esto dura hasta que podamos terminar con ella. A nivel espiritual también puede ocurrir lo mismo. ¿Será posible saldar nuestra deuda de amor con Dios o es solo nuestra culpabilidad la que nos lleva a inventar una solución? (todos hemos hecho cosas desagradables a su vista y hubiéramos merecido un castigo). La pregunta es crucial “porque la paga del pecado es muerte, mientras que la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús, nuestro Señor” (Romanos 6:23). Cristo pago nuestras deudas muriendo en la cruz por nosotros. “En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y envió a su Hijo para que fuera ofrecido como sacrificio por el perdón de nuestros pecados” (1 Juan 4:10). Dios es la única esperanza para empezar una vida nueva: “En él tenemos la redención mediante...

¿QUÉ HACER CUANDO NOS SENTIMOS FUERTES?

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Roboán o Roboam, según la traducción, hijo de Salomón, comenzó a reinar como 1° rey del sur, es decir, de Judá (931-914 a.C.), luego de la división del antiguo reino de Israel, que quedó confinado al norte y a cargo de Jeroboam. Al principio, trató de mostrarse más duro que su padre ante un reclamo del pueblo por sus impuestos. Dios le mandó al profeta Semeyas o Semaías para evitar que profundice la división entre los reinos y obedeció. Sin embargo, “cuando Roboán se sintió fuerte y consolidado en el trono, abandonó la ley del Señor, y todo el pueblo hizo lo mismo… su conducta fue reprobable, pues no se esforzó en buscar al Señor” (2 Crónicas 12:1, 14 BDA). A tal punto hizo lo malo que permitió la construcción de altares de adoración pagana, la práctica de ritos inmorales y adoró a dioses extranjeros como Asera y con su ejemplo, no sólo él sino toda Judá, volvió a la idolatría (1 Reyes 14:22-24). ¿Qué nos pasa cuando nos sentimos seguros o fuertes?  En el contexto vemos que d...

¿SEGUIREMOS SIENDO FIELES A PESAR DE LS DIFICULTADES?

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  Asa reinó sobre Judá (910-859 a.C.) en dos etapas bien distintas en sus 41 años de reinado. La primera etapa fue muy favorable por su fidelidad: “Asá agradó con su conducta al Señor, como su antepasado David” (1 Reyes 15:11 BDA), quitó todos los ídolos y prácticas paganas del pueblo; “llevó al templo del Señor todas las ofrendas que él y su padre habían hecho al templo: oro, plata y objetos varios” (v. 15). Hizo una importante reforma religiosa y contó con la bendición de Dios porque confió en él como guía de su vida y de su ejército (2 Crónicas 14:9). Mientras el rey Asa confió en Dios fue capaz de enfrentar triunfante al ejército etíope (2 Crónicas 14:8-12) a pesar tener menos armas, recursos y hombres. Clamó pidiendo ayuda y Dios le respondió. No tuvo más guerras durante los primeros 35 años de reinado (2 Crónicas 15:19). La enseñanza fue clara: es importante mantenerse fiel al Señor. Esa fidelidad originó crecimiento, prosperidad material y espiritual. Mediante la fidelidad ...

NUESTRO LIBRO

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“¿Por qué sufrimos? Respuestas para un mal cotidiano” contesta a las preguntas claves que todos nos hacemos en algún momento de la vida cuando un sufrimiento nos atormenta. ¿Qué ser humano está libre de sufrir? El sufrimiento humano es universal y único a la vez, porque cada persona lo vive de una forma diferente. Puede tomar la forma de circunstancias adversas, soledad, tristeza, desgracia familiar, malestar permanente, hambre y sed de justicia, enfermedad, problemas familiares y otras. Estas circunstancias erosionan nuestra espiritualidad o alteran nuestra mente, y sólo aminora si uno le encuentra un sentido a la vida, pues la ausencia de significado hace intolerable cualquier sufrimiento: cuando sufrimos todos nos preguntamos acerca de su por qué. El texto propone todas las respuestas necesarias para resistir al sufrimiento. Combina la investigación académica a partir de la exégesis bíblica (referencia valorada en...

¿POR QUÉ SUFRIMOS? - Respuestas para un mal cotidiano

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  Enfrentarse al sufrimiento, es una experiencia desgraciadamente común y reiterada en el ser humano. Aunque por nuestra edad, situación o estilo de vida, todavía no hayamos experimentado una situación personalmente dolorosa, seguramente la hemos sentido al menos con respecto a otros: cuando se produce una guerra o un desastre natural, al enterarnos que un torpe accidente dejó incapacitada a una persona, al morir un ser querido o cuando un llanto desconsolado nos hace sentir impotentes. Todo tipo de sufrimiento parece, moral y racionalmente, incompatible con el concepto de un Dios amante y todopoderoso. Por esto, es importante encontrar una explicación en la propia Palabra de Dios que nos ayude a responder a este interrogante. ¿Por qué sufrimos? Porque a veces, cosechamos lo que sembramos. Leemos en Gálatas 6:7-9: “Todo lo que el hombre sembrare, eso también segará”. Este podría ser un primer criterio bíblico orientador, no el único; no absoluto y no siempre aplicable, pero sí,...