¿ABANDONADOS O ABANDONAMOS?
¿Qué
viene primero: abandonar a Dios o que Dios nos abandone? Durante el reinado de
Joás, entre el 835 y el 796 a.C., se había producido una renovación espiritual
en Judá (2 Crónicas 24:1-16). Tuvo como figura clave al sumo sacerdote Joiada o
Yoyadá (según la traducción). Se reparó y reconstruyó el templo que había sido
abandonado por los reyes idólatras anteriores; incluso, supervisó las ofrendas
que se juntaron al respecto. Pero al morir este sacerdote, el rey cambió de
actitud y comenzó a adorar a Asera y a otros ídolos. Dios le advirtió al
rey a través del hijo del sacerdote, utilizado como mensajero para advertir al
pueblo de sus malas elecciones. “El Señor
les envió profetas a ver si se convertían a él, pero no hicieron caso de sus
advertencias. Zacarías, hijo de Yoyadá, sacerdote, movido por el espíritu de
Dios, se presentó al pueblo y le dijo: Esto dice Dios: ¿Por qué no obedecen los
mandamientos del Señor? Nada conseguirán. Han abandonado al Señor, y él los
abandonará a ustedes” (2 Crónicas 24:20 BDA).
El contexto del relato muestra que Dios se esforzó para que rey y el pueblo, volvieran al buen camino. Les envió profetas (v. 20) en un claro llamado al arrepentimiento. Luego les hace una clara exhortación a través de Zacarías, hijo del anterior sumo sacerdote, que había seguido los pasos de su padre en cuanto a su fidelidad a Dios. Usando palabras inspiradas por Dios, los invitó a reflexionar sobre sus actitudes y sobre las consecuencias que acarrearían sus pecados. Les explicó que no se trata de un enojo sin fundamento de parte de Dios. Les dijo claramente que “nada” conseguirían con su rebelión y adoración falsa, que, si ellos abandonaban a Dios, que los había perdonado una y otra vez, entonces Dios respetaría su decisión de desprecio hacia su voluntad, y también él, se alejaría de ellos. El rey y el pueblo decidieron abandonar a Dios; a pesar de su llamado, fueron rebeldes y se alejaron de la fuente de vida. El resultado fue que Dios se apartó de ellos: nunca pretende imponer su presencia; no es un conquistador que se impone por la fuerza, sino una persona respetuosa que nos propone una amistad basada en el amor. Echaron a Dios de su presencia y él respetó su decisión y los abandonó a la vida que eligieron. Como resultado de aquellas palabras, Zacarías fue apedreado en el atrio del templo. Debido al mensaje, murió el mensajero, aunque rogando justicia (v. 22). Esto aumentó las desgracias del pueblo. El ejército de Siria atacó a Joás, penetró en Judá y Jerusalén provocando enormes matanzas y saqueos (v. 23). Las victorias sobre los enemigos son de Dios, no obra humana: “El ejército invasor era poco numeroso; pero el Señor entregó en sus manos un ejército mucho mayor, porque habían abandonado al Señor, el Dios de sus antepasados. Así dieron su merecido a Joás” (v. 24). El final de sus días fue también trágico, porque murió asesinado por dos de sus propios servidores que conspiraron contra él (vs. 25, 26). Fue enterrado en la ciudad de David, pero no tuvo el honor de otros reyes de ser enterrado en las tumbas reales.
En aquella época y en ésta, el mal siempre atrae a otros males mayores para llevarnos a mayores sufrimientos e incluso, a la muerte misma. Otra vez se repite un esquema conocido: a mayor fidelidad, mayor éxito, a mayor infidelidad, mayor fracaso.
Angel Magnífico

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