¿SALDAMOS NUESTRA DEUDA CON DIOS?
Toda
deuda genera sufrimiento porque nos crea un compromiso de pago, da inseguridad
poder saldarla, genera dudas y dependencia de la situación política, económica
y/o social. Y esto dura hasta que podamos terminar con ella. A nivel espiritual
también puede ocurrir lo mismo. ¿Será posible saldar nuestra deuda de amor con
Dios o es solo nuestra culpabilidad la que nos lleva a inventar una solución?
(todos hemos hecho cosas desagradables a su vista y hubiéramos merecido un
castigo). La pregunta es crucial “porque la paga del pecado es muerte, mientras
que la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús, nuestro Señor” (Romanos
6:23). Cristo pago nuestras deudas muriendo en la cruz por nosotros. “En esto
consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos
amó y envió a su Hijo para que fuera ofrecido como sacrificio por el perdón de
nuestros pecados” (1 Juan 4:10). Dios es la única esperanza para empezar una
vida nueva: “En él tenemos la
redención mediante su sangre, el perdón de nuestros pecados, conforme a las
riquezas de la gracia que Dios nos dio en abundancia con toda sabiduría y
entendimiento” (Efesios 1:7, 8 NVI). Este texto menciona tres cuestiones
vitales que nos pueden ayudar cuando sufrimos por la carga que nos imponen nuestros
pecados.
1. Nos habla de “la redención mediante su sangre”: claramente el único que puede cambiar nuestra historia es Cristo. Con la muerte de su hijo (no con la nuestra), con su obra redentora (no con nuestras obras), con su sacrificio (no con alguno nuestro), es que obtenemos la redención. El protagonista de nuestra salvación es él. El versículo anterior lo llama su “Amado”. Aceptarlo es hacerlo también nuestro Amado y empezar a disfrutar la relación.
2. Nos habla del “perdón de nuestros pecados”: esto se hace mediante el pago de un rescate que implica un sufrimiento de sangre y muerte; lo que tendría que haber sido nuestro sacrificio y castigo, fue su entrega para nuestra liberación y bendición. Redención significa que hemos sido liberados porque él pago ese rescate. Este costo infinito lo pagó Jesús para la remisión de nuestros pecados. Comprender esto, nos ahorrará cargar con culpas y cargas que son insoportables. No podremos hacer obra alguna que compense lo que ya tenemos gratuitamente. Por esto tenemos que aprender a agradecerle diariamente.
3. Todo lo hizo por “las riquezas de la gracia”, es decir, su amor inmerecido y gratuito hacia nosotros: esto es impagable. La gracia se recibe y acepta por fe. La recibimos, no por merecimiento, sino por amor de Dios y lo aceptamos creyendo en sus promesas de Salvación. No debemos nada. No podemos transformarnos en dioses para liberarnos a nosotros mismos o discutir con Dios como si fuera un igual. Lo que sí podemos hacer es aceptarlo gratuitamente. La versión NTV traduce: “Dios es tan rico en gracia y bondad que compró nuestra libertad con la sangre de su Hijo y perdonó nuestros pecados”. Ya no es necesario desesperarnos porque su promesa dice: “¡Dichosos aquellos a quienes se les perdonan las transgresiones y se les cubren los pecados! ¡Dichoso aquel cuyo pecado el Señor no tomará en cuenta!” (Romanos 4:7, 8).
Angel Magnífico

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