¿DIOS PODRÁ CAMBIAR LA MÁS GRANDE DE LAS TRISTEZAS POR ALEGRÍA?
Dios puede
hacer posible todos nuestros imposibles. Cuando estamos en sufrimiento, puede
sacarnos de una enfermedad, una relación tóxica, una pelea, una separación, una
quiebra, o cualquier otro tema de la manera que menos pensada y terminar en un
milagro que jamás hubiéramos soñado. Cuando esto se hace en forma masiva, la
manifestación de su poder no solo es mayor por la cantidad de gente
involucrada, sino porque su intervención tiene una calidad sustancialmente mejor
que cualquiera nuestro. Así sucedió con el pueblo de Israel en la antigüedad con
atención y detenimiento en Ester. El relato es dramático porque se da en medio
de un siniestro plan de exterminio judío; es épico porque cuenta la proeza
hecha por una joven judía en favor de todo su pueblo; y es inolvidable porque libró
de una manera clara y categórica a personas al borde de la muerte. Ester se
casó con el rey del Imperio Medo-persa llamado Asuero en la Biblia y Jerjes en
los documentos históricos (486-485 a.C.). Por consejo de su primo y padre
adoptivo Mardoqueo, Ester no hizo público su origen judío. El problema comenzó cuando
el primer ministro del rey llamado Amán, que no solo odiaba a Mardoqueo porque
era el único que se arrodillaba ante su presencia, sino también por ser judío, planificó
el exterminio de ambos y convenció al rey a firmar un decreto ordenándolo.
Cuando Ester confiesa su origen y el plan siniestro de Amán, Dios intervino. El
rey, que no podía cambiar la ley de exterminio que él mismo la había firmado,
firmó otra, autorizando a los judíos a defenderse. Así transformó un día de
luto, en un día de festejos llamado Purín, “como el tiempo en que los judíos se libraron de sus enemigos, y como
el mes en que su aflicción se convirtió en alegría, y su dolor en día de
fiesta. Por eso debían celebrarlos como días de banquete y de alegría,
compartiendo los alimentos los unos con los otros y dándoles regalos a los
pobres” (Ester 9:22 NVI).
El texto nos muestra la entrega de Ester y la intervención de Dios. Pone en evidencia el cuidado providencial de Dios por su pueblo, tanto a individuos como a la nación. También con nosotros, Dios puede transformar un día de sufrimiento en un día de liberación. Otras versiones traducen el texto diciendo que “su sufrimiento y tristeza se cambió en gozo y alegría” (TLA), “su tristeza y su llanto se convirtieron en alegría y celebración” (PDT), “su dolor se convirtió en alegría y su duelo en gozo” (NTV), “la tristeza se cambió en júbilo y el luto en alegría” (BDA). Todas las traducciones se esfuerzan por señalar la gran paradoja del sufrimiento. Una paradoja es una idea contraria a lo que se considera verdadero según la opinión popular. Pero Dios puede transformar la realidad penosa del sufrimiento. Y si no lo hace, nos transformará a nosotros para que podamos sobrellevarla. El creyente sabe de la omnipotencia de Dios también durante el sufrimiento. Actuará ahora con su pueblo, como lo hizo antes, si lo buscamos. Y cumplirá su promesa en el momento apropiado porque nunca miente y siempre es fiel, como está escrito: “Y volverán los rescatados por el Señor, y entrarán en Sion con cantos de alegría, coronados de una alegría eterna. Los alcanzarán la alegría y el regocijo, y se alejarán la tristeza y el gemido” (Isaías 35:10). Jesús también lo transmitió a sus discípulos con claridad: “les aseguro que ustedes llorarán de dolor, mientras que el mundo se alegrará. Se pondrán tristes, pero su tristeza se convertirá en alegría” (Juan 16:20). Cambiará la tristeza por alegría definitiva.
Angel Magnífico

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