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¿CASA DE DIOS Y PUERTA DEL CIELO?

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  El patriarca Jacob sufrió y mucho. Fue creyente desde pequeño, pero su vida se fue complicando poco a poco. Estafó a su hermano, cambiándole sus derechos de hijo mayor por un plato de lentejas y engañó a su padre para ganar una bendición especial. Cuando quedó al descubierto, tuvo que huir. Perdió todo: a su hermano, madre, padre, amigos, hogar, herencia. Génesis 28:10-22 relata lo que le pasó a Jacob en plena huida.  Había pecado contra Dios, contra su padre, y contra sí mismo. Amenazado de muerte por su hermano, dominado por el remordimiento, y solo en el desierto, todavía no había comprendido que el fin no justifica los medios. No tenía un conocimiento experimental de Dios. A pesar de sus acciones, Dios en su amor, se le revela a través de un sueño. “Cuando Dios quiere hacer algo con uno, cuando quiere darle una revelación mayor de su gracia, de su bondad, primero prepara el terreno de su corazón para que reconozca que le necesita, y luego revela su gra...

¿CORONA O CRUZ?

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Los cristianos somos llamados así porque seguimos el ejemplo de Cristo con la ayuda y el poder del Espíritu Santo. Cristo tenía una corona de gloria al lado del trono de su padre celestial y la dejó para tomar una corona de espinas al lado de dos ladrones. Lo hizo por amor a nosotros. Su muerte consumó nuestra salvación. Su humillación generará nuestra exaltación, pero no antes, de pasar por nuestra cruz. Esto significa crucificar nuestro yo, no para salvarnos (eso ya lo hizo Cristo), sino para renacer a la imagen y semejanza de Dios. Pablo sostenía: “He sido crucificado con Cristo, y ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí. Lo que ahora vivo en el cuerpo, lo vivo por la fe en el Hijo de Dios, quien me amó y dio su vida por mí“ (Gálatas 2:20 NVI). Esa decisión se toma en un momento, pero el proceso dura toda la vida: “No es que ya lo haya conseguido todo, o que ya sea perfecto. Sin embargo, sigo adelante esperando alcanzar aquello para lo cual Cristo Jesús me alcanzó a mí” (Filipens...

¿SOBRA PECADO O FALTA ENTREGA?

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  Cuando las cosas no ocurren como queremos podemos quedar ante la encrucijada o disyuntiva de pensar que hicimos algo mal o que nos falta entrega para esperar confiadamente en Dios. En el fondo de nuestro corazón está la duda: ¿Nos sobra pecado o nos falta entrega? La Biblia nos orienta al respecto, no solo con palabras sino con ilustraciones o ejemplos de vida que nos pueden ayudar en esta situación. El Salmo 42 es uno de los más leídos y disfrutados por creyentes de todas las generaciones porque trata esta cuestión y la resuelve. Se trata de una lamentación y súplica personal que se podría dividir en dos partes; ambas concluyen con el mismo estribillo. La 1° parte (vv. 1-5) trata del sufrimiento de un fiel creyente que se encuentra lejos de Jerusalén y del santuario y clama diciendo: “Cual ciervo jadeante en busca del agua, así te busca, oh, Dios, todo mi ser. Tengo sed de Dios, del Dios de la vida. ¿Cuándo podré presentarme ante Dios?” (v. 1, 2). Es una expresión sincera y prof...