¿QUÉ HACER CUANDO NUESTRO ENEMIGO NOS ATACA?
Ezequías fue el rey 13º del reino de Judá por 29 años. Pero como había gobernado como regente de su padre unos 14 años estuvo en el trono un total de 43 años (c 729-c 686 a.C.). Se lo señala como un buen gobernante; terminó con las malas prácticas de su padre, reparó y limpió el templo, quitó los lugares de adoración pagana, destruyó ídolos y la famosa serpiente de bronce del tiempo de Moisés porque se había convertido en una imagen idolátrica; reorganizó los cultos religiosos según las indicaciones divinas y celebró una gran Pascua a la que invitó a las 10 tribus del norte (2 Reyes 18:3-6; 2 Crónicas 29:1-31). Vio actuar a Isaías, Oseas y Miqueas. A nivel político, también contó con la bendición de Dios y prosperó (controló a los filisteos, construyó ciudades, fortificó los muros de Jerusalén, llevó agua hasta su centro). Fue lo que llamaríamos un rey bueno y que estaba bien con Dios. Pero, como nosotros, tuvo problemas y un enemigo poderoso: el Imperio Asirio, que destruyó Samaria y el reino del norte. A pesar de aliarse a Egipto, no pudo evitar dos invasiones del rey asirio Senaquerib que tomó 46 ciudades de Judá, capturando a sus poblaciones. Se atrevió a enviarle una carta insolente y blasfema a Ezequías, obligándolo a su rendición. El rey de Judá decidió confiar en Dios porque le había revelado a Isaías que salvaría Jerusalén.
Reunió
al pueblo y les dijo: “Sean fuertes y valerosos; no teman ni desfallezcan ante el rey de
Asiria y su ejército, porque el que está con nosotros es más fuerte que el que
está con él. El sólo cuenta con fuerzas humanas, pero nosotros contamos con el
Señor nuestro Dios para ayudarnos y combatir a favor nuestro. El pueblo cobró confianza con las palabras
de Ezequías, rey de Judá” (2 Crónicas 32:7, 8 BDA).
A veces, creemos que Satanás, que nuestra tentación, problema o sufrimiento,
son más fuertes que Dios; y los vemos como enemigos poderosos que nos
infunden miedo y minan nuestra fe.
¿Qué hizo el rey? Clamó a Dios: “En esta situación, el rey Ezequías y el profeta Isaías, hijo de Amós, oraron y clamaron al cielo. Y el Señor envió un ángel que aniquiló al poderoso ejército asirio. Senaquerib, humillado y confuso, regresó a su país, donde algunos de sus hijos lo asesinaron a espada mientras oraba en el templo de su Dios” (v. 20, 21). Dios intervino y el ejército asirio fue derrotado y murieron 185 mil hombres (2 Reyes 19:9-36; Isaías 37:9-37). Dios escucha nuestra oración. No hay nada ni nadie más grande que nuestro Dios; cuando él interviene en favor de nosotros, no hay ningún ejército, ni tentación, problema o sufrimiento que lo pueda resistir. El mismo Satanás sabe que ya fue derrotado por Cristo en la cruz; solo es cuestión de tiempo para que todo vuelva al dominio efectivo de nuestro salvador. Queda en nosotros buscar ánimo y aliento en las palabras de Dios como lo hicieron el rey y el profeta. Nos ofrece su intervención amorosa y gratuita ante quien se nos oponga. Nosotros contamos con Dios. No importa quien sea nuestro enemigo No hay nada ni nadie tan poderoso como Dios. Combatirá a nuestro favor. ¿Seremos capaces de orar y clamar a Dios?
Angel Magnífico

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