¿EN LA DICHA O EN EL SUFRIMIENTO?
Teofrasto
(filósofo griego; vivió cerca del 371 a.C.-287 a.C.) dijo: “El tiempo es la
cosa más valiosa que el hombre puede gastar”. La sociedad moderna insiste en enseñarnos
a luchar por tener un trabajo, buenos ingresos, una propiedad, poder, fama, etc.
Pero estas cosas, nos hacen perder de vista que el tiempo sigue siendo
nuestro recurso más valioso, no las cosas; es más, no podremos concretar
ninguna de las anteriores, si no administramos bien nuestro tiempo. A veces lo
gastamos sin pensar, como si lo pudiéramos recuperar o almacenar. No podemos acumular
tiempo; no sirve para otro día. La Biblia dice que “todo tiene su momento
oportuno, hay un tiempo para todo lo que se hace bajo el cielo” (Eclesiastés
3:1 NVI). Algunos cristianos tienen la buena costumbre de
recordar a Dios cuando reciben sus bendiciones, mientras que otros tienen la
costumbre de acordarse de Dios solo cuando reciben pruebas, problemas o
sufrimientos. ¿Cuándo es el momento apropiado para acudir a Dios: la dicha o
el sufrimiento? La Biblia nos enseña a usar bien nuestro tiempo: “Porque él dice: «En
el momento propicio te escuché, y en el día de salvación te ayudé». Les digo
que este es el momento propicio de Dios; ¡hoy es el día de salvación!” (2
Corintios 6:2 NVI).
Algunas versiones empiezan diciendo “en tiempo aceptable te he oído” (RVR), “te escuché en el momento propicio” (PDT), “escuché tu clamor en tiempo favorable” (NBV). Todas coinciden en señalar que ese día es el día de salvación, porque es cuando Dios está dispuesto a escuchar al ser humano, a perdonarlo y redimirlo. Y concluyen en que ese tiempo, día, momento, es “hoy”. Es siempre presente. Aparece 2 veces la expresión “momento propicio” para dar sentido de importancia y urgencia al mensaje. La gracia de Dios siempre está disponible: si es un día de alegría, Dios nos escuchará y dará su amor; si es un día de penas, Dios nos escuchará y dará su amor. El texto aclara que siempre es hoy el momento oportuno para acercarnos a Dios mientras dure este tiempo de gracia; no lo limita a un día feliz ni a un día de sufrimiento; es para hoy.
Si estamos bien, estaremos mejor y lo disfrutaremos más porque estaremos en su compañía. Si estamos mal, también estaremos mejor y puede transformarnos para resistirlo todo, superar la situación con su poder, o simplemente dejarnos llevar por su voluntad hasta pasar por ese valle de sombras, sabiendo que luego nos encontraremos con la luz de Cristo. Aunque no cambie la situación, habremos cambiado nosotros por su acción. Cuando Isaías escribe este texto en su libro, Cristo todavía no había venido, sin embargo, él lo miraba como teniéndolo delante y reconociendo que empezamos a beneficiarnos de su salvación cuando nos acercamos a él, y esto lo podemos hacer en cualquier momento y en cualquier lugar. Cuando Pablo retoma el texto, aumenta su fe porque Cristo ya había venido y muchos cristianos ya disfrutaban su presencia diaria. La enseñanza se repite en Hebreos 4:7: “si ustedes oyen hoy su voz, no endurezcan el corazón”. Es un complemento perfecto a “¡hoy es el día de salvación!”. ¿Cómo responderás hoy a este llamado?
Angel Magnífico

Comentarios
Publicar un comentario
Gracias por participar. Recuerde: ayudando, nos ayudamos.