¿QUÉ HACER CUÁNDO LO INTENTASTE TODO Y NO ACABA TU SUFRIMIENTO?


 

Ante nuestra debilidad, debemos buscar su fortaleza. Pero cuando estamos en buenas condiciones solemos olvidar las bendiciones de Dios y llegamos a creer que son merecimientos. Cuando sufrimos, parece todo lo contrario: llegamos a pensar que son condenas. ¿Qué hacer cuando lo intentamos todo y sin embargo, nuestro sufrimiento no se acaba? Durante el sufrimiento es problemático encontrar explicaciones, las debemos tener aclaradas antes para estar preparados o encontrarlas después para resistir mejor la siguiente prueba. En la antigüedad, la esterilidad de una madre, era considerada una maldición. La familia quedaba sin amor y sin producción económica (los hijos también contaban como trabajadores). Además, para una pareja creyente eran un don de Dios. Ana era esposa del levita Elcana y sufría por su esterilidad. Va a orar y el sacerdote la confunde con una borracha. Cuando le explica su situación, se pliega a su oración. Al tiempo da a luz a Samuel; vuelve para consagrarlo y “Ana elevó esta oración: Mi corazón se alegra en el Señor; en él radica mi poder… Del Señor vienen la muerte y la vida; él nos hace bajar al sepulcro, pero también nos levanta. El Señor da la riqueza y la pobreza; humilla, pero también enaltece. Levanta del polvo al desvalido y saca del basurero al pobre para sentarlos en medio de príncipes y darles un trono esplendoroso. Él guiará los pasos de sus fieles, pero los malvados se perderán entre las sombras. ¡Nadie triunfa por sus propias fuerzas!” (1 Samuel 2:1, 6-9).

La oración de Ana es conocida como el Cántico de Ana (1-10) y es a la vez, una profecía sobre David y el Mesías. Es un reconocimiento al poder de Dios como dueño del universo y del destino personal de los humanos. Ana había visitado el santuario de Silo (cap. 1) para pedir; ahora lo volvía a hacer para alabar a Dios (cap. 2). Obtuvo una nueva visión del poder divino. Lo había intentado todo pero no pudo superar sola su esterilidad. Cuando acudió a Dios, no solo tuvo a Samuel; luego tendría otros 5 hijos (2:21).

La diferencia estuvo en el reconocimiento de Ana. No había poder en ella; estaba en Dios. Después de haber intentado todo, se rindió a Dios y venció. Si Dios es todopoderoso, y lo es, puede cambiarlo todo. Si no lo hace es porque tiene otro plan. Por eso algunos oran y les concede su pedido de inmediato, con otros demora más tiempo y a algunos, no se los concederá. Su plan es perfecto. Él puede decidir mejor que nosotros sobre la vida y sobre la muerte. Nos guste o no, puede levantar a un caído y puede perder a un malvado; o al revés. Todo está bajo su poder. Cuando comprendemos esto, esperaremos en paz y con sabiduría. Dios nos está educando, a veces protegiendo, otras preparando el momento apropiado; a veces evitándonos males impensados y otras desarrollando nuestro carácter para disfrutar la bendición. Concientizada por esto, Ana dice “¡Nadie triunfa por sus propias fuerzas!” (v. 9). Su convicción venció el tiempo difícil que le tocó vivir (el gobierno de los jueces de Israel termina con Samuel); venció la tentación de Satanás y los ataques de  autosuficiencia de Penina, la otra mujer de su esposo Elcana (v. 6); venció la aflicción y el llanto diario (v. 8); venció el juzgamiento de los demás (v. 2, 14); venció por el poder de la oración (v. 10). Hay dos temas claves: reconocer nuestra debilidad y depender de su fortaleza. Su gozo no se basó en un deleite egoísta de las bendiciones de Dios, sino en una nueva comprensión de su carácter (todopoderoso, pero también sabio y amante).

                                                                                                    Angel Magnífico

Comentarios

Entradas populares de este blog

¿POR QUÉ SUFRIMOS? - Respuestas para un mal cotidiano

¿ABANDONADOS O ABANDONAMOS?