¿CÓMO NOS PROTEGE DIOS?


 

Isaías nos muestra dos representaciones gloriosas de Dios. Podemos acudir a ellas cada vez que estemos frente a una prueba, problema o sufrimiento porque nos enseñan que Dios nos protege y nos libera. El profeta señala el sufrimiento impuesto por enemigos políticos (Siria, Asiria, Egipto y otros) y espirituales (la idolatría, el egoísmo, la mundanalidad y otros), mientras que Dios le señala, una y otra vez, el fin de esa opresión, tanto en lo físico como en lo espiritual. La liberación definitiva de todo el dominio de Satanás se consumará cuando Cristo regrese, pero mientras tanto, no estamos desprotegidos, por esto alentaba al pueblo diciendo: “Así me dijo el Señor: «El Señor de los ejércitos bajará a pelear sobre el monte Sión; sobre su colina. Será como cuando el león y su cachorro rugen sobre su presa, que no se espantan por los gritos de la cuadrilla de pastores que se junta para atacarlos, ni se acobardan ante su alboroto. El Señor de los ejércitos protegerá a Jerusalén como protegen las aves a sus polluelos: la librará, la preservará y la salvará” (Isaías 31:4,5 RVC). ¿Cómo Dios puede ser león y pájaro al mismo tiempo? Dios es todopoderoso y capaz de vencer a todos nuestros enemigos y males en general. El texto se refiere a Egipto y a Israel en particular, pero también a nosotros. La acción restauradora de Dios supera el tiempo y el espacio, no es limitada como la nuestra. Isaías advertía contra lo nefasto que resultaría una alianza con Egipto (símbolo de pecado e idolatría) porque implicaba desconfianza en el poder salvador de Dios. Tampoco Asiria sería una solución; era salir de un problema para entrar en otro igual o peor. Entonces Dios le envía un mensaje con dos imágenes poderosas: la de un león y la de un ave. Nos muestra dos tipos de comportamientos de Dios ante el enemigo.

Dios se presenta como un león y su cachorro que defienden su presa contra los pastores, que no solo los superan en número, sino que están organizados para atacarlos. Es una imagen vivaz y elocuente de su poder y de su cuidado amante sobre su pueblo. El león no solo mira la situación; “ruge” ante sus enemigos, no se acobarda por el tropel, no lo atemorizan sus voces ni sus acciones; no importa lo que hagan; es capaz de enfrentarlo todo. Así actúa Dios respecto a nosotros: como el “león de la tribu de Judá” (Apocalipsis 5:5) nos defiende con su vida. Dios es imbatible y defiende a su pueblo ante cualquier enemigo. Nuestra presencia no asusta al enemigo; la presencia de Dios sí lo hace.

Dios protegería a Jerusalén como lo hacen las aves con sus crías, extendería sus alas sobre ellos para cuidarlos mejor; no pasaría nada fuera de su control y protección; no estaría volando a lo lejos y mirando desde la distancia como las aves de rapiña, sino al lado de sus hijos en actitud protectora. Esta ilustración muestra el amor sin límites y bien intencionado de Dios sobre su pueblo. Lo mismo hace Dios con nosotros. Estamos bajo su cuidado (Salmo 91:4). Esto significa que nos ama porque es nuestro Padre Celestial, no porque somos sus hijos perfectos.  Es decir, Dios será como un pájaro que ampara y defiende a todas sus crías y garantiza su seguridad. Nuestras fuerzas no alcanzan para luchar; las suyas siempre resultan victoriosas. El resultado final son tres bendiciones basadas en tres expresiones redentoras: nos libera (el pecado esclaviza, el bien edifica), nos preserva (pasa por alto nuestros errores y pecados y nos restaura a su imagen) y nos salva (evita nuestra condenación por el pecado y nos regala la vida eterna).

                                                                                                         Angel Magnífico

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