¿DIOS NOS DEFRAUDARÁ?

 


El Salmo 71 ha sido considerado como una oración de un anciano, que, a pesar de la persecución y los problemas de la vida, mantiene su confianza en Dios y acude a su bondad para pedir ayuda y protección. El famoso predicador inglés Charles Spurgeon (1834-1892) dijo el respecto: Aquí se tiene la oración de un creyente maduro, quien, en una confianza santa en fe, es fortalecido por una experiencia larga y notable, y ruega en contra de sus enemigos, y pide más bendiciones para sí mismo”.

El salmo comienza con una invocación inicial (v. 1-3), donde reconoce a Dios como su Roca protectora y su castillo de refugio. Luego hay una oración de súplica en la desgracia (v. 4-13), donde pide a Dios que lo siga acompañando como hasta ese momento. Le sigue una declaración de confianza (v. 14-21) en donde le expresa a Dios que seguirá esperando y alabándolo. Finaliza con una alabanza y reconocimiento público por su fidelidad (v. 22-24). En ninguna parte de la Biblia Dios nos prometió evitarnos todos los problemas, pero sí recompensar la fidelidad al final del proceso o cuando Cristo venga por segunda vez. El salmista lo reconoce: “Aunque me has hecho ver muchas desgracias y aflicciones, me harás vivir de nuevo; me levantarás de lo profundo de la tierra” (Salmo 71:20 DHH). Dios nunca nos defraudará.

Dios es recto y justo. Lo demuestra a diario, pero a veces, cuando aparecen los problemas nos parece lejano. El texto comienza con una frase sabia: “Señor, en ti busco protección; ¡no me defraudes jamás!” (v. 1). El salmista pudo haber sido viejo en años, pero seguía siendo fuerte en la fe. Su momento no era fácil: se sentía avergonzado (v. 1), con angustia (v. 2), con miedo al rechazo y sin vigor (v. 9), con gente que hablaba mal de él (v. 10) y era objeto de burla (v. 11). Pero invoca a Dios y le pide que no lo abandone (v. 18). Entonces, Dios le revela que todo lo que había vivido en el pasado, lo estaba preparando para el presente; el mismo Dios que lo había acompañado desde su juventud y había estado durante su madurez, seguía estando en su vejez. No era una presencia divina forzada, sino amante.

Hemos sido diseñados para depender de Dios, y cuanto antes lo reconozcamos, será mejor para nosotros. Dejaremos de dudar de él y comenzaremos a alabarlo como hace el salmista. Entiende que tuvo que ver y soportar desgracias a lo largo de su vida; todos tenemos problemas, pero si los problemas no nos mataron, quiere decir es porque Dios nos ha fortalecido para superarlos o derrotarlos. No importa el tamaño de nuestras desgracias y aflicciones, Dios nos dio vida para resistir. Y si aparecen nuevas complicaciones y sufrimientos que intenten derrumbarnos, allí estará Dios de nuevo para sostenernos o para levantarnos de nuestras posibles caídas. La salvación depende de Dios y él está dispuesto a dárnosla. Por esto, el salmista termina alabando a Dios por su justicia y su salvación, por las lecciones del pasado, por el apoyo del presente y por lo que tenga que venir en el futuro. Nunca seremos tan mayores, tan pobres, tan débiles, tan pecadores, o tan insignificantes como para ser despreciados por Dios si acudimos a él. Esto es un verdadero motivo de alabanza y reconocimiento y algo de mucho mayor envergadura e importancia que cualquier sufrimiento que estemos soportando en este momento. Él está con nosotros: es lo más importante que nos puede pasar.


                                                                                                      Angel Magnífico

                                                                                          

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