¿POR QUÉ DIOS NO NOS QUITA LAS TENTACIONES Y PRUEBAS?


Luego de ser liberados de Egipto, los israelitas fueron a la tierra que Dios les había prometido. Mientras Josué los condujo, y después los ancianos que le sobrevivieron, el pueblo se mantuvo fiel a Dios. Pero las nuevas generaciones fueron abandonándolo y adoraron a dioses paganos, especialmente a Baal y a Astarté. Dios hizo surgir algunos caudillos, jueces, profetas, sacerdotes, para darles nuevas oportunidades, pero cuando morían, el pueblo volvía a sus prácticas pecaminosas. “Por eso el Señor se enfureció contra Israel y dijo: Puesto que esta nación ha violado el pacto que yo establecí con sus antepasados y no me ha obedecido, tampoco yo echaré de su presencia a ninguna de las naciones que Josué dejó al morir. Las usaré para poner a prueba a Israel y ver si guarda mi camino y anda por él, como lo hicieron sus antepasados” (Jueces 2:20-22 NVI). ¿Dios puede usar nuestros errores para edificarnos? ¿Por qué Dios no nos quita las pruebas y las tentaciones? Esto se puede analizar desde dos puntos de vista.

Desde un punto de vista pesimista, podríamos decir que el pueblo estaba sufriendo porque no hacían caso a Dios ni a sus enviados. Los había liberado de Egipto y los estaba llevando a la Tierra Prometida y, aun así, habían quebrantado su pacto de amor (2:17) asociándose a pueblos paganos. La amistad con la maldad es más peligrosa que su enemistad. La maldad e idolatría se infiltrarían en forma casi imperceptible en sus mentes y prácticas; irían perdiendo de a poco, su amor a lo santo y a su creador. Terminarían rompiendo su relación con el único Dios verdadero. Él no podía evitar sus errores en forma compulsiva porque los estaría tratando como esclavos y no obtendría una respuesta de amor. Muchos creyeron y creen hoy, que Dios podría exterminar a los malos de una vez para favorecer a los creyentes; pero no lo puede hacer porque tenemos que aprender a ser luces para iluminar a los demás que están perdidos y no que ocurra al revés (Romanos 2:19). Así aprenderemos a vivir mejor y enseñaremos el camino a otros que no conocen. Dios no se impone como conquistador, se propone como amigo. Esa amistad debe basarse en la libertad de elección y en la educación a través del amor.

Desde el punto de vista optimista, podríamos decir que el pueblo estaba sufriendo porque Dios quería probar a Israel (2:22; 3:1, 4), entrenándolos para la futura guerra de sobrevivencia que tendrían que enfrentar por la cantidad de pueblos paganos que habían invadido su territorio (3:2). Dios los probaba porque deseaba algo mejor para su pueblo; les estaba enseñando a vivir de su dependencia y no de la propia. Muchos creyeron y creen hoy, que Dios podría guardar a los creyentes de forma especial para que los malos no lo contaminen ni los lleven por mal camino; sin embargo, un “ambiente de algodones” en donde todo nos salga como queremos, tampoco sería beneficioso ni edificante. Las pruebas y tentaciones nos enseñan. Aprendemos con la convivencia, nos edificamos en las elecciones cotidianas, maduramos en nuestra caminata hacia el Reino, nos perfeccionamos resistiendo, valoramos mejor su perdón, tomamos conciencia de lo efímero y lo eterno. En definitiva, puede parecer que Dios esté arruinando algunos de nuestros planes para la vida, cuando en realidad, está evitando que esos planes nos arruinen a nosotros.

                                                                                                           Angel Magnífico

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