¿SUFRIREMOS POR INCERTIDUMBRE?
Todos
sufrimos por las diversas incertidumbres que nos presenta la vida. Tenemos
dudas respecto a decisiones que tomamos, planes inciertos y dependientes de
circunstancias externas a nosotros y que no dominamos, miedos por lo que
ocurrirá en la política, en la economía o en nuestra vida familiar. Nuestro
conocimiento, dinero, posesiones, salud y todo lo que consideramos valioso,
puede perderse o multiplicarse fuera de nuestros planes. La inseguridad del
futuro compite con nuestra fe en Dios, verdadero dueño del tiempo y de la vida.
Si el pasado ya no está y el futuro todavía no llegó, ¿quedaremos paralizados
desperdiciando el presente? La Biblia nos recomienda: “Si esperas condiciones perfectas, nunca realizarás nada. Los caminos
de Dios son misteriosos como la senda del viento, o como la forma en que el
espíritu humano se infunde en el cuerpo del niño aún en el vientre de su madre.
Persevera en la siembra, pues no sabes cuál semilla germinará; quizá germinen
todas” (Eclesiastés 11:4-6 NBV).
El texto nos remite a la naturaleza creada por Dios como guía para la vida. Las ilustraciones de la vida agrícola de aquellos tiempos pueden usarse como símbolo de todas las ocupaciones de la actualidad en general. Otra versión dice: “Quien vigila al viento no siembra; quien contempla las nubes no cosecha” (NVI). Nos enseña que si solo miramos el viento o las nubes, que no podemos dominar, no nos atreveríamos a sembrar. El miedo a las posibles lluvias nos impediría levantar la cosecha porque ni aún con el mejor de los pronósticos, tenemos garantía absoluta de su cumplimiento. Por lo tanto, no podemos esperar un clima perfecto para empezar a trabajar. La realidad es que debemos sembrar para recoger el fruto que necesitamos. Si sembramos lo mejor, cosecharemos lo mejor que Dios tiene dispuesto para nosotros.
En la antigüedad no había mucho conocimiento acerca del proceso de gestación durante el embarazo; hoy sabemos mucho más y, sin embargo, todavía no entendemos plenamente el milagro de la vida y como Dios traspasa su aliento vital a ese nuevo ser. Su poder creador va más allá de nuestros conocimientos y no podemos saber cómo actuará en algunas circunstancias. Otra versión explica: “Así como no sabes cómo entra el espíritu en una criatura que está en el vientre de su mamá, así tampoco sabes lo que hace Dios, creador de todo” (PDT). Por lo tanto, reconociendo que no tenemos todas las respuestas, Dios nos propone entregarnos a él que sí las tiene. Ante el futuro incierto, Dios nos conoce certeramente (Salmo 139:1-3), incluso mejor que nosotros a nosotros mismos. Y así como no podemos certificar el resultado de ningún plan humano, hay muchos aspectos de la obra de Dios que no conocemos plenamente. Si trabajamos del mejor modo y para Dios, vendrá lo mejor que tiene preparado para nosotros. Al final del texto, nos insta a seguir en sus manos haciendo lo que nos indique; siembra o cosecha, dependerán de él. No podemos esperar tener todo resuelto para empezar el día ni para continuar con la vida. Difícilmente encontraremos condiciones ideales para vivir porque el pecado ha contaminado todo. Debemos asumir la aventura de cada día, entregados a Dios porque él dirigirá nuestra vida. Mientras tanto, debemos seguir trabajando con fe. La incertidumbre debiera ser un incentivo para buscar a Dios y orientar nuestros esfuerzos y dedicación según su voluntad. Solo su poder nos dará audacia en esos momentos.
Angel Magnífico
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