¿CÓMO EVITAR EL CANSANCIO DE VIVIR?
Pareciera que la realidad está dividida y nosotros quedamos en el medio. “No se ve la verdad por ninguna parte; al que se aparta del mal lo despojan de todo. El Señor lo ha visto, y le ha disgustado ver que no hay justicia alguna” (Isaías 59:15 NVI). Al ver la maldad reinante a nuestro alrededor, podemos cansarnos de vivir así; nos cansamos de ver el aparente triunfo del mal, sufrir por su aumento constante, la falta de justicia se hace intolerable y sentimos una necesidad de amor permanente. ¿Cómo evitar ese cansancio de vivir así? Por un lado, el mal nos explota en la cara día a día, no solo porque lo vemos en aparente victoria sobre el bien, sino porque destruye sentimientos, esperanzas y voluntades, y cada momento suma adeptos. Por otro lado, el bien sufre una aparente derrota, aunque lo dispone todo para nuestro goce y armonía, a cada instante pierde simpatizantes porque el mal parece imponerse. El profeta Habacuc en 1:13 (NVI) se angustiaba como nosotros y le decía a Dios: “Son tan puros tus ojos que no puedes ver el mal; no te es posible contemplar el sufrimiento. ¿Por qué entonces toleras a los traidores? ¿Por qué guardas silencio mientras los impíos se tragan a los justos?” Dios le respondió: “la visión se realizará en el tiempo señalado; marcha hacia su cumplimiento, y no dejará de cumplirse. Aunque parezca tardar, espérala; porque sin falta vendrá. El insolente no tiene el alma recta, pero el justo vivirá por su fe” (Habacuc 2:3, 4).
Dios
tiene un tiempo para todo. Incluso para acabar con el mal y erradicarlo
definitivamente. Aunque las injusticias y los sufrimientos nos lleven a pensar
que se está demorando demasiado su Segunda Venida, Dios concretará su plan
en el mejor momento de la historia. No antes, pero tampoco después, sino en
el tiempo señalado por sus planes y sus providencias. Por lo tanto, debemos
esperar el cumplimiento de todo lo que nos enseñó y prometió. La historia lo
demuestra. El problema se centra en el cómo esperar cuando parece
tanto. El malo parece disfrutar y no tiene empacho en aprovecharse del mal,
al contrario, parece orgulloso de ello; no lo sabe, pero está perdiéndose la
vida eterna. A pesar de todas las apariencias, el malvado morirá y el justo
vivirá. ¿Quién puede ser justo? Otra versión dice: “el aprobado por Dios vivirá
por su fe” (PDT); es decir, nadie es justo por sí mismo porque todos hemos
cometido pecados y no somos dignos de la salvación, pero Jesús nos rescató
pagando con su vida por nuestras vidas y nos salvó. Somos “justos” en Cristo
porque él fue tratado como nosotros merecíamos ser tratados; ahora nosotros
somos tratados como él merecía ser tratado. A partir de allí, comenzó un
proceso de cambio. Dios sigue obrando y mejorando nuestro carácter a medida que
se acerca la venida de Cristo. Comenzamos a vivir por fe. La palabra fe en
hebreo significa "constancia", "confiabilidad" o
"fidelidad". Otras versiones dicen “vivirán porque confían en mí”
(TLA) o “los justos vivirán por su fidelidad a Dios” (DHH). El contraste con
los malos es notorio y claro: mientras que los primeros se enorgullecen de su
maldad debido a su propia perversidad y esto los llevará a la muerte, los que
se entreguen a Dios y confíen en él sincera y plenamente, vivirán. Cuando
Martín Lutero entendió este texto, cambió su vida e inició lo que se conoce
como la Reforma Protestante en el mundo del siglo XVI.
Podremos sentir cansancio, pero también nosotros debemos seguir adelante por fe y recibiremos su aliento diario.
Angel Magnífico

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