¿CÓMO SABEMOS QUE DIOS NOS AYUDARÁ?


 

Las promesas de Dios alivian nuestro sufrimiento. En primer lugar, porque sabemos que siempre las cumple y como nunca ha fallado hasta ahora, las que restan cumplirse, seguramente tendrán el mismo resultado. En segundo lugar, porque la calidad de sus palabras y el aliento que nos dan, nos inspiran a vivir. Moisés es un ejemplo para todos nosotros. Teniendo una vida prácticamente resuelta y en plena adultez y uso de todas sus capacidades, renuncia a ser el hijo de la hija del faraón y consideró que era mejor ser útil en la causa de Dios; sale de Egipto por fe y confiando en las promesas de Dios (Hebreos 11:24-27). El libro de Éxodo tiene una promesa sumamente alentadora que le sirvió a él, al pueblo, y nos puede ser útil a nosotros en el fin de los tiempos, cuando todo está a punto de consumarse. Le dijo: “Yo enviaré mi ángel delante de ti, para que te guarde en el camino, y te lleve a la tierra que yo te he preparado” (Éxodo 23:20 BDA).

 

Dios promete enviar a su ángel, a quien llama “mi ángel”, no cualquier ángel sino uno que lo llama propio y que lo representa cabalmente. La palabra “ángel” significa mensajero y el mensajero por excelencia en la Biblia es Cristo porque nos revela el carácter de Dios, su voluntad y su misericordia; es su auténtica representación y la encarnación de su propósito para con nosotros: conducirnos a la salvación (Dios nos da lo mejor). Cristo nos guía en nuestro camino como lo hizo en aquella época; esto significaba no solo un guía para una geografía difícil y desconocida, sino también un guía espiritual; los caminos de la vida suelen ser confusos, peligrosos, sinuosos, pero Cristo nos promete estar ahí (Dios nos guía). Es fundamental la aclaración de Dios: el ángel, irá “delante” de nosotros (Dios nos protege). “La tierra” a la que prometía conducirlos, se refería a Palestina, la Tierra Prometida, encarnación de todos los bienes materiales que su pueblo necesitaba; pero indirectamente, también se refiere a nuestro hogar celestial, el hogar de todos los salvados que cada día está más cerca; esto significa que aunque a veces, nos detengamos en el camino, o volvamos para atrás, nos seguirá acompañando para retomarlo y encontrarnos con Dios; no puede haber un símbolo más preciado para cualquier peregrinar, el de los israelitas de entonces y el de los cristianos de ahora (Dios nos acompaña). Cristo repite este concepto clave que en el Nuevo Testamento anunciando que ese lugar está siendo preparado para sus hijos; él lo ha “preparado” (Juan 14:1-3), no un personal de servicio (Dios nos trata como sus herederos).

 

En el resto del capítulo de Éxodo 23, se nota que esas promesas son condicionales a una respuesta y obediencia a Dios. Nos pide que le prestemos atención y obediencia claramente, que no nos rebelemos contra él (v. 21), que nos protegerá de nuestros enemigos (v. 22), que ese ángel nos guiará para sobrellevar cualquier oposición que se interponga sobre nosotros (v. 23). Pero, nos pide que no adoremos otros dioses (v. 24), que solo lo adoremos a él y nos ayudará en nuestras necesidades básicas (v. 25). Sus pedidos nunca son irrazonables, no se puede compartir a Dios con otros dioses falsos, debemos caminar bajo sus instrucciones de vida. En definitiva, Dios nos guarda en el camino y nos lleva a un lugar preparado de antemano para cada uno de nosotros que disfrutaremos a partir de la Segunda Venida de Cristo.        


                                                                                                                            Angel Magnífico

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