¿LAS INTERRUPCIONES SON PARTE DEL PLAN DE DIOS?


Cuando tenemos un buen plan, lo mejor es encomendarlo a Dios para asegurarnos de hacer su voluntad y que todo salga bien. En realidad, no hay grandes y buenos planes sin Dios. Pero, ¿qué ocurre cuando algo falla e interrumpe el plan consagrado a Dios? Pueden ser esas vacaciones soñadas que están a punto de concretarse pero que se suspenden por un imprevisto; el cambio o ascenso laboral que necesitamos y que lo perdemos sin motivo aparente; un reencuentro esperado que a último momento no se concreta; un accidente o enfermedad que nos cambia la vida; o cualquier otra cosa que conscientemente colocamos bajo la dirección de Dios y de pronto se nos escapa como el agua entre las manos. Es fácil ver el plan divino en las cuestiones importantes o en sus grandes intervenciones positivas en nuestra vida. Y no es tan fácil verlo en cuestiones menos importantes ni en algunas interrupciones negativas que nos molestan. Cuando lo meditamos bien o simplemente dejamos que transcurra el tiempo, entendemos que cuando él interviene en los asuntos importantes, lo hace para enseñarnos algo del mismo calibre. Pero no ocurre lo mismo cuando interviene en cuestiones cotidianas. Sin embargo, Dios puede usar esas pequeñas interrupciones para educarnos. Podemos pensar que solo las grandes tentaciones, problemas o pruebas sirven para transformar nuestro carácter. No obstante, ¿cómo resolveríamos esto sin aprender a resolver primero esas interrupciones a nuestros planes cotidianos? Eclesiastés 7:13, 14 (NVI) dice: “Contempla las obras de Dios: ¿quién puede enderezar lo que él ha torcido? Cuando te vengan buenos tiempos, disfrútalos; pero, cuando te lleguen los malos, piensa que unos y otros son obra de Dios, y que el hombre nunca sabe con qué habrá de encontrarse después”.

Las obras de Dios son las formas que él tiene para guiarnos en la vida. Él está en todo lo que nos afecta y no se olvida de nosotros; no está ocupado en otras cosas y se distrae fácilmente, permitiendo que algo nos perjudique o dañe sus planes. Sabemos que Dios tiene contados los cabellos de nuestra cabeza (Mateo 10:30) y no permitirá que nada ni nadie nos dañe o nos haga sufrir sin que él lo sepa, en sus grandes planes o en los asuntos cotidianos. Por lo tanto, no se puede torcer el camino que Dios ha provisto para nosotros. Muchas veces requerirá que avancemos con fe y sin cuestionarlo. Algunos desvíos del camino, atajos inciertos, paradas imprevistas, y otras interrupciones de diverso tipo, ya estaban contempladas en los planes divinos. Pero, seguramente no lo estaban en los nuestros. En vez de generar un problema, ese momento debemos usarlo para considerar y pensar. La versión BHTI traduce: “En día de felicidad, sé feliz; en día de adversidad, reflexiona; uno y otro los ha hecho Dios para que nadie descubra su futuro”. No  hay nada seguro en la vida, y no se nos devela totalmente el futuro, para que desarrollemos nuestra fe y entendamos que solo el plan de Dios puede salvarnos con amor. Tal vez las interrupciones en nuestro bienestar estén allí para enseñarnos algo que todavía no está claro en nosotros o que necesitamos aprender mejor para seguir nuestro camino hacia la eternidad. Buscar la dependencia de Dios es una necesidad constante del ser humano aunque todo lo que tenemos a nuestro alrededor nos trata de convencer de lo contrario. Dios sabe todo lo que nos pasa y si lo permite es para que podamos sacar una enseñanza de vida que nos mejore e inspire a buscar el cielo y a imitar a Cristo.

                                                                                                                               Angel Magnífico

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